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Agamenón Rodríguez, el poeta sordo

Agamenón Rodríguez, el poeta sordo
23/01/2023 Juan Solo
Agamenón Rodríguez - El poeta sordo - Biografías olvidadas - Juan Solo - Escritor - Cómico

Agamenón Rodríguez, el poeta sordo

Poco se ha hablado de Agamenón Rodríguez, el genio de Alpedrete.

Sordo de un oído por culpa de un violento estornudo de su padre. Pronto dirigió sus pasos hacia la poesía, campo en el que rayó a gran altura gracias a su estilo depurado salpicado de complejas metáforas. No en vano se declaró admirador de Góngora y Rubén Darío. Un claro ejemplo de su estilo son sus inmortales versos a los fresnos de la Sierra de Guadarrama:

 

Gigante acortezado que con tus dedos acunas a la estirpe del petirrojo…”

 

En su obra son continuas las referencias al entorno en el que se crio, como puede comprobarse en Primavera sin abubillas, Oda al porrón y La hija del taxidermista.

Las metáforas de Agamenón Rodríguez estaban al alcance de muy pocos

Su celebrado poema Ardillas de luz sigue generando una gran controversia:

“Cordelia en penumbra,

caparazón de nostalgia

hebilla pretérita del cinturón de Tritón,

¿a qué hora viene tu hermana?”

Quizá nunca llegue a descifrarse el significado de dichos versos pero, ¿acaso es necesario? Como señaló el propio poeta: “En mi cabeza el verso nada con la libertad de un renacuajo en mi venerado Alpedrete”.

Agamenón viajó por primera vez a Madrid al cumplir veinticinco años

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Agamenón Rodríguez – El poeta sordo – Biografías olvidadas – Juan Solo – Escritor – Cómico

Este hecho cambió su vida. No solo se aficionó a la compra de sellos en la Plaza Mayor, sino que se convirtió en asiduo del Círculo de Bellas Artes: allí conoció a figuras de la talla de Margarita Andrade y Nicolás del Duende que le iniciaron en el mundo esotérico. Las crónicas de la capital cuentan que mantuvo un apasionado romance con la cupletista Clarisa Mónaco, a la que propuso abandonar los escenarios para abrir una vaquería en la sierra de Guadarrama. El rechazo de la cantante lo sumió en una profunda melancolía, periodo al que pertenecen sus poemas Flores sin néctar y Mi corazón vuelve a Alpedrete.

Al estallar la Guerra Civil se exilió a Paraguay donde continuó escribiendo hermosos versos cargados de simbolismo. De aquel periodo cabe destacar Cuando miro los setos de tu casa y La gruta de las meretrices.

Corría el año 1943 cuando la muerte lo sorprendió en Asunción

Agamenón se encontraba de visita en casa de Jacinto de Miguel, otro exiliado español, que había recibido una cesta con cuatro melones de Villaconejos. El trovador de Alpedrete vio en ellos un recuerdo de su añorada España y dio cuenta de uno entero para la cena. Su anfitrión contaría más tarde que vio a Agamenón devorar el melón con el ansia propia de un hombre enamorado de su patria. El genial poeta despertó en mitad de la noche entre sudores y horribles convulsiones. Su amigo Jacinto nada pudo hacer por salvarle la vida. Antes de expirar, Agamenón Rodríguez se despidió de este mundo citando una joya del refranero español:

“El melón, por la mañana, oro; por la tarde, plata, y por la noche, mata”.

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Dedicado a mi amigo Hovik Keuchkerian, que tiene mucho en común con el protagonista de esta historia. 😉

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