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Sobre un tal Juan Carlos Córdoba

Sobre un tal Juan Carlos Córdoba
31/07/2018 Juan Solo
JUAN CARLOS CÓRDOBA - DESCANSE EN PAZ - CÓMICO - STAND UP COMEDY - GUARDIA CIVIL - DEP

Sobre un tal Juan Carlos Córdoba

Conocí al cómico, no a la persona.

Y ahora ya solo podré hacerlo a través de lo que me cuenten de él sus amigos.

Compartimos escenario una sola vez, me reí mucho viéndole actuar y, las pocas ocasiones en las que coincidimos, mantuvimos un trato cordial. Nunca hablé con Juan Carlos Córdoba de ningún tema trascendental; si llegué a saber qué pensaba sobre ciertos temas fue solo a través de sus comentarios en las redes sociales. Recuerdo que siempre me llamaba “juansolo”; así, de corrido. Y solía decirme que yo “estaba muy zumbáo”. Viniendo de alguien que fue Guardia Civil, me tomaba como un cumplido. A saber lo que habría conocido Córdoba por esos mundos de Dios, entre control y control de alcoholemia.

Ayer fui a despedirme de él.

Sus amigos más cercanos; compañeros de comedia, estaban destrozados. Su pareja Amaia, rota. Y su madre, a la que no había tenido ocasión de conocer, ahogada en un pozo sin entender qué estaba ocurriendo ni porqué.

Después regresé a Madrid para subirme a un escenario. No fue una de las actuaciones más fáciles de mi carrera, lo admito. Sustituí a última hora a Raúl Massana, muy amigo de Juan Carlos Córdoba. El bueno de Raúl no se encontraba con fuerzas para actuar. Es difícil hacer reír a los demás cuando tu alma llora por dentro…

En eso consiste nuestro oficio: en lograr que el público olvide sus problemas durante una hora y disfrute.

Quizá hemos sido bendecidos con un don: el de aliviar el sufrimiento de los demás.

Pero, ¿quién alivia el nuestro? La respuesta, en muchas ocasiones, es la propia comedia. La necesitamos. No solo como sustento; es nuestra tabla de salvación en medio de la tempestad, la savia que recorre nuestras venas. Ahí arriba, sobre un escenario, nos sentimos poderosos, necesarios e indestructibles.

Hasta ahora, parecía que el mundo de los cómicos de stand up estuviera custodiado por un ángel de la guarda. Un ángel que nos protegiera de todo mal. Vivíamos el sueño de ser invulnerables…

Pues eso se acabó.

La muerte de Juan Carlos Córdoba nos ha mostrado cuán frágiles somos, igual que cualquier otro ser humano.

Los cómicos, las personas que nos dedicamos a hacer reír a los demás, también morimos.

Asumir eso es muy jodido. Por suerte, aún nos queda la Comedia para refugiarnos en ella.

Ahí fuera hay mucha gente que necesita reír y ser feliz.

Y ahora, Juan Carlos, nos has dejado el marrón a nosotros.

Descansa en Paz